Una serie de sucesos desencadenados, un impulso anárquico, una fuerza motriz, el sentimiento de que los patucos de andar por casa funcionan siguiendo una lógica mecánica. Autómatas de pana gorda, locomotoras cinéticas con pelotillas. Eso y más café que cualquier otra masa sólida/líquida celebrando la premenopausia estomacal. Todos los motivos que puedan llevar a un ejemplar medio a viajar a la bañera con el portátil.
Sin cables, eso sí, en ello consiste parte de mi particular sabotaje a la señora-pitonisa- que- toda-web-de-predicción-de-muerte-habita. Ultimare los detalles con las gradas una vez supere mi adicción a regar pequeños electrodomésticos y rompa su (mi) destino final, hasta entonces, juego de desgaste con la batería esperando a que empiece a pitar en señal de retirada. Heme en la bañera.
Lo que no ha dejado de recordarme desde un comienzo a los miedos infantiles y el Feng-shui de la mayoría de nuestras casas, me explico. Los monstruos distribuidos por aquí y por allá son mobiliario categórico, en mi caso concreto, debido a la oportuna presencia de una cama nido, tuve que reemplazar inquilino bajo el somier por un desquiciado con sombrero caqui y hacha tras la mampara de la ducha. Este detalle entorpecía mis viajes al urinario e implicaba un chequeo completo de lo que en la bañera cabía, abalado por años de tradición, irremediablemente se ha convertido en un tic.
Irremediablemente también, en mi desplazamiento he entendido que las primeras impresiones engañan, y yo he prejuzgado a mi asesino en serie. Lo que esperaba un escondite para presas o un despacho de gorras de caza en tonalidades tierra, ahora me parece más… no sé, Bonapártico. Los champús (algunos con contenido otros sin él), distribuidos alrededor de la bañera, baldas superiores llenas de acondicionadores – que para que todos nos entendamos hacen lo mismo que los envases de patatas fritas; a más morado más sabor a jamón, a más blanquiazul más ligero… al final el efecto león marino es inmediato sea cual sea la opción-, acondicionadores dorados, plateados y color perla Taj Mahal. Por último las baldosas efecto mármol con un único patrón pero giradas hacia todos los lados para que parezcan que el estampado impreso es diferente. Como muy imperial todo. El despertar, el descubrir en mi homologo psicópata un gusto exquisito por la decoración francesa.
Dados los pros estéticos, y comprobado que puedo estirar las patitas a mis anchas sin intromisiones externas, deduzco “estoy en la bañera”. Ah, y cómo explico esto a mis antiguos “yos”, porqué la metafísica es algo compleja, pero con algo más de viajes astrales esta situación sería como poco comprometida. RECONSTRUCCIÓN (y continuará en la próxima parte, que a partir del quinto párrafo se pierde gancho)
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