¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Definitivamente no estamos solos. 3:11 de la madrugada, mi acampada en la alfombra se traslada a todo recto a la derecha. Al menos el trabajo ha merecido la pena, tengo un lugar dónde sentarme en la cama sin tener que apartar ropa interior y pedazos de criptonita (aunque si os soy sinceros la suciedad le daba a esta casa un toque más hogareño, como de glamour decadente de los 70, solo que con muebles de Ikea).
Por supuesto el mérito no es sólo mío; ayer recibí la llamada de... iba a decir una amiga, pero basta de rodeos políticamente más adecuados: una ex. De esas que saben hacer comentarios ironicosarcásticos ante los que te debates entre reírte o buscar objetos afiladocontundentes.
(Pero también amiga)
(Ahora)
Resulta ser que se ofreció para ser invitada a un café, para posteriormente ofrecerse a ayudarme con lo de ser amo de casa. ¿Hace falta que diga que las labores del hogar no son mi fuerte? (Pero que quede improvisado). No, no lo son, pero en cambio se hacer unas lentejas buenísimas.
Con intervalos de 2h (tiempo estimado que la lavadora tarda en sonar con tono de "el afiladooooorr") conversaciones apasionantes, demostraciones de como ha mejorado mi pericia fumando, conversaciones incoherentes y vida después de la ruptura.
1´5 d. de R.
Y tengo toda la impresión de que acabo de escribir demasiado rápido. Damisela en apuros por la línea 2. De nuevo, pero ahora peor, el factor ex. También el lavavajillas.
martes, 30 de agosto de 2011
De reencuentros y fregonas
y esto qué. ¿se mete solo al labavajillas?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
riesgos apocalípticos